viernes, 6 de marzo de 2009

El Señor Anderson se despierta


-¿Qué hacemos aquí Kires?
- Ya...
- Estoy harto Kires, no tiene sentido ninguno estar aquí. Es ya por demás, no lo aguanto, en breve me piro. Mi cuñado me asesora en los pasos que tengo que seguir porque ya no puedo más con esta tomadura de pelo y esta pérdida de tiempo.


Una vez que estás dentro de la multinacional se te pide que hagas tú trabajo con excelencia. De esta manera podrás cambiar de departamento, ir subiendo peldaños y conseguir más sueldo. Lo que no se te pide es que seas consciente de que las pruebas que te hicieron al entrar determinan para qué trabajos estás capacitado o no y que, según tus tests de personalidad, tu trayectoria durante el tiempo que estés en la empresa está escrita (gran clásico: Un mundo feliz).

Varias veces me lo estuve preguntando: ¿Qué hago aquí? Me encontraba fuera de lugar, rodeado de gente que no conocía y que actuaba cómo si fuéramos amigos. Trabajaba haciendo algo que no me llenaba en absoluto. Durante un tiempo fue la novedad, las supuestas posibilidades de desarrollo personal y el dinero. Al cabo de un tiempo fue sólo el dinero: “venga, hasta que te salga algo mejor” –me decía a mí mismo.
Ir a la cena de Navidad de la empresa, salir de bares con tus compañeros de trabajo, todo el mundo de buen rollito, alegría... Comprando amistad de segunda mano a granel.

Cuantos días he madrugado, me he enfundado el mal llamado por mi compañera de piso “traje de pingüino” y he ido cómo un autómata a ese mundo de diseño Matrix con la sola intención de echar mis horas, hacer mecánicamente mis tareas y reírme en los descansos con la gente que de verdad merecía la pena. A cambio: aguantar sandeces y cobrar a fin de mes. Bendito Job y todos sus descendientes.

Noctiluca y el Señor de la Alpaca ya habían saltado del barco porque preferían nadar a la isla antes que seguir en él a la deriva. Ahora lo recuerdo y parece que hubiera escrito el guión de mi salida: tenía la máxima indemnización posible dadas las circunstancias y un trabajo de verano esperándome en un pintoresco y bucólico lugar totalmente distinto a lo que había conocido hasta ahora. El futuro prometía muchas emociones y, además, sólo compré el billete de ida.