Hay mucha luz en estos momentos. Las noches son muy cortas y a las 04:30 comienza la sinfonía del jardín que te recuerda que, si quieres, el día ya ha comenzado y que tus ojos serán cegados a partir de ese momento por la claridad que entra por las cortinas de las ventanas.
Las gafas de sol son indispensables los días que se pretende alternar. Siempre he dicho que los mejores días para salir son de lunes a viernes: menos gente pero concienciada con la causa. Están los que quieren salir de verdad, los que salen espontáneamente, los que salen solos a pillar y utilizan la excusa de estar esperando a alguien que finalmente no aparecerá en toda la noche, los que se han liado después del trabajo...
Aún estoy conociendo la vida nocturna de la capital y poco a poco voy perfilando los lugares de ocio que tienen algo entrañable y no banal pero lo que ha primado estos días es el festival de Roskilde. No hay joven danés que no haya pasado alguna vez por él. Artistas de reconocido (des) prestigio, buen ambiente y el tiempo, afortunadamente, acompaña. Si no fuera por el precio y por esa sensación de que es un festival excesivamente perfecto, iría. Este año me quedo con el festival de jazz de la ciudad. Tal vez el año que viene me anime para Roskilde. O tal vez no.
Las gafas de sol son indispensables los días que se pretende alternar. Siempre he dicho que los mejores días para salir son de lunes a viernes: menos gente pero concienciada con la causa. Están los que quieren salir de verdad, los que salen espontáneamente, los que salen solos a pillar y utilizan la excusa de estar esperando a alguien que finalmente no aparecerá en toda la noche, los que se han liado después del trabajo...
Aún estoy conociendo la vida nocturna de la capital y poco a poco voy perfilando los lugares de ocio que tienen algo entrañable y no banal pero lo que ha primado estos días es el festival de Roskilde. No hay joven danés que no haya pasado alguna vez por él. Artistas de reconocido (des) prestigio, buen ambiente y el tiempo, afortunadamente, acompaña. Si no fuera por el precio y por esa sensación de que es un festival excesivamente perfecto, iría. Este año me quedo con el festival de jazz de la ciudad. Tal vez el año que viene me anime para Roskilde. O tal vez no.