viernes, 11 de septiembre de 2009

Bendito Lars

Son las 19:00 de la última semana de agosto y tras haberme sentado en el último vagón del "S-Tog" me acomodo para realizar el último tramo de mi viaje de regreso a casa lo más comodamente posible escuchando algo de música y mirando por la ventana. O eso pensaba yo hasta que uno de esos vagabundos, perdón, sin techo, que de repente "asaltan" los trenes, se cuela en mi vagón.
Normalmente dicen su par de frasecillas, pasan el vaso y siguen recorriendo el vagón. Esta vez se rompió la rutina.

Mi compañero de viaje se sentó enfrente de mí y pacientemente esperó a que terminase mi llamada para pedirme que enviara un mensaje de texto a uno de los 20 números de móvil que tenía apuntado en una mugrienta hoja rosa de un club de alterne.
Tras acceder me negué a su honrosa pertición de pagarme el mensaje con 10 o 20 coronas ya que: "el dinero no cae del cielo".
Tras negarme comenzó a explicarme que no tiene dinero para comprarse un móvil y que a pesar de que alguno es barato, 400 dkk, si no tiene cámara o mp3 es una mierda y no lo quiere.
Como intentar convencerle de que un teléfono sirve para hacer llamadas y mandar mensajes de texto y lo demás son adornos que encarecen y la mayoría de las veces no se utilizan era tiempo perdido, decidí escucharle a ver si decía algo interesante o se subía por las paredes del vagón como Spiderman debido al aceleramiento que llevaba por su último chute o el mono...
Lars decidió compartir los resultados de su trabajo de campo antropológico a través de una introducción al funcionamiento del submundo delictivo yonquil en Copenague: gente que roba móviles, dueños de móviles que se quedan con la tarjeta cuando les roban porque es más importante que el móvil, gente que roba bicicletas, gente que desvalija casas, gente que desmonta electrodomésticos de las cocinas, gente que roba bicicletas...todo esto a cambio de unas pastillas de valium, unos porritos, unas rayas de coca, un poquito de heroína, éxtasis... los tasadores siguen su relación de precios y el que roba ya sabe lo que puede conseguir a cambio. Toda esa mercancía robada irá a parar a contenedores que serán enviados a distintos países para su posterior venta en el mercado negro(él así lo aseguraba una y otra vez).

En la mitad del trayecto me comenzó a contar la historia de su vida de forma resumida: tras 20 años en una fábrica haciendo herramientas tenía 3 vertebras unidas y eso le producía muchos dolores porque le pinzaban los nervios por lo que no podía trabajar más de media jornada y nadie le contrataba si no era a jornada completa... Su pensión era ínfima y la medicación para paliar sus dolores cada vez tiene que ser mayor.

Llegamos al final del trayecto y concluyó su disertación diciendo que las diferencias entre ricos y pobres en Dinamarca cada vez se agrandaban más y que, como la clase media del país estaba desapareciendo, en un periodo de tiempo relativamente corto íbamos a tener muchos problemas sociales.
Al despedirme de él le desee suerte y que se tuviera cuidado con su salud. A continuación soltó una especie de gruñido y se colgó como un mono de los asideros del techo del vagón.
Bendito Lars...



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